Que se jodan las croquetas

 

Me voy a dar un consejo, y seré breve:

Espabila. En serio. Espabila.

Conoces la teoría: disfruta cada momento porque el tiempo se te escapa entre los dedos. Disfruta de tu hijo. Exprime esos instantes al máximo. Agradece lo que tienes, porque lo tienes contigo y eso… Eso, créeme, no tiene precio. Aunque a veces se te olvide.

Conoces la teoría, pero aún te dejas llevar por la miseria. Por eso te pasó lo que te pasó ayer. Porque estabas alterada por vanalidades. Que se te rompe el coche, que la factura del teléfono ha llegado mal, que una señora te ha dicho que eres una mala madre porque tu hijo “no es sociable por tu culpa”. Y a todo esto le das vueltas mientras fríes dos san jacobos y cuatro tristes croquetas, porque tu desastrosidad organizativa ha hecho que otra vez vuelvas a encontrarte en fin de semana con la nevera vacía. Y mientras te sientes frustrada y cabreada por todas estas naderías, mientras el aceite va calentando para que las croquetas se doren poco a poco, te apoyas en la encimera y coges el móvil para ver qué novedades hay en Facebook. Como si el mundo virtual hubiera podido cambiar en los cinco últimos minutos. Y la encuentras. Y la lees.

La carta de una madre que cuenta a un íntimo grupo de mujeres cómo se despidió de su hija. Cómo se despidió de ella. Cómo la abrazó. Cómo la besó. Cómo le pidió perdón. Y lloras. Lloras larga e intensamente porque la entiendes, porque empatizas, porque es al tiempo lo más horrible, lo más bello y lo más intenso que has leído en tu vida. Lloras porque te sientes una mierda, porque te permites preocuparte y alterarte por nimiedades inútiles, en lugar de agradecer el inmenso regalo que es tenerlo ahí. Para darle otro abrazo. Para darle otro beso. Para, ojalá, tener mil oportunidades para pedirle perdón cuando tengas que hacerlo. Y reza para tener sabiduría para hacerlo. Lloras porque, a veces, aprender duele.

Y entre lágrimas y pañuelos de papel, con tu nevera vacía, se te ha quemado la cena. Pero qué más da. Espabila. Ve a abrazarlo. Y que se jodan las croquetas.

 

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Tú. Yo. El Universo.

 

 

Tú no lo sabes, pero yo lo hago cada noche:

Cuando te duermes, te miro, sonrío y te beso la frente. Pero no es un beso cualquiera. Cierro los ojos, poso despacito mis labios en tu sien y espero a sentir el calor de tu sangre en mi piel. Y entonces ya no estamos en nuestra habitación. En ese momento, tú y yo estamos en el Universo. Los planetas giran y bailan enloquecidos detrás de mis ojos. Veo soles que brillan lejanos para nosotros, y toda la energía que existe, ha existido y existirá se repliega en un vórtice frenético que confluye en mis labios, para devolverte con mi beso el calor que tú me das.

Y siento miedo, cariño mío. Porque me da vértigo asomarme a ese Universo donde sólo hay energía. Siento miedo, porque no quiero morirme. Porque ME ATERRA pensar que puede haber un lugar en el que yo no soy tu madre. En el que no puedo darte un beso cada noche.

Pero te prometo, mi amor, mi Príncipe, que intentaré estar allí. Que intentaré esperarte en nuestro planeta. Que bailaré cada noche bajo un millar de soles para que encuentres el camino por si en sueños, una noche, quieres venir a por tu beso. Que esperaré siempre, por si llegara el día en que quieras volver con mamá a casa.

Eso hago, cariño, cada noche: te llevo a buscar un poquito de esa luz tan tuya, que te hace tan especial. Tan único en nuestro Universo.

 

Tu no lo sabes

Dicen que Dios

Dicen que Dios

 

 

 

Dicen que Dios hizo el mundo en seis días, y el séptimo descansó. Eso demuestra que Dios no tenía hijos.

Si Dios hubiera tenido hijos el séptimo día habría podido hacer cualquier cosa, pero descansar no. Habría ido al parque a pasar la tarde y se habría comido un helado de tres pisos. Habría jugado a los trenes y pintado con los dedos. Habría hecho galletas y se habría pasado una hora entera limpiando harina. Habría hecho un fuerte con cajas viejas, reparado las ruedas rotas de mil coches de juguete y se habría convertido en súper héroe saltando desde el sofá.

Si Dios hubiera tenido hijos, no habría tardado seis días: habría tardado al menos cien. Porque tendría que haber explicado pacientemente por qué aquí va un río y aquí toca una montaña. Por qué hay olas en el mar y no puede haberlas en las piedras. Habría tenido que hacer pausas para untar pan con chocolate, besar golpes en la cabeza y curar pupas en las rodillas. Habría tenido que limpiar la leche que se derramó en el suelo y habría recolocado los continentes una y otra y otra vez. Se habría quedado embobado tarde tras tarde, sólo mirando sus caritas de ángel mientras duermen la siesta. Esperando, inocente, que duerman cinco minutos más para poder ducharse tranquilo.

Si Dios hubiera tenido hijos… El mundo le habría quedado mucho mejor.

Las cebras serían blancas y negras, moradas y verdes, rojas y azules. Las jirafas tendrían manchitas con forma de triángulo, diamante y corazón. Los hipopótamos estarían rellenos de caramelos y las vacas darían leche de todos los sabores.

No todos los ríos irían hacia abajo: algunos irían hacia arriba o incluso de lado. Algunos irían en círculos para poder jugar a marearse. Algunos serían de chocolate. No haría falta excavar túneles en las montañas para poder pasar: bastaría con pedirles educadamente que se apartaran. Podría nevar y hacer sol al mismo tiempo. Las nubes se podrían comer. El aire nos haría volar al abrir los brazos. Podríamos caminar sobre el arcoíris.

Si Dios hubiera tenido hijos, no sería el Planeta Azul, sería el Planeta Colorín. El agua no sería toda azul: sería una acuarela siempre cambiante, porque todos los peces que viven en ella irían dejando un rastro de color tras de sí al nadar. Los árboles que funcionan con clorofila serían verdes, pero habría árboles blancos que funcionan con estrellas, y árboles azules que funcionan con arándanos… Y aquellos de allí, aquellos rosas tan bonitos… Esos, funcionan con el pintalabios de mamá. Ese que lleva tanto tiempo en un cajón.

Si Dios hubiera tenido hijos, habría menos plástico y más madera. Menos deberes y más escondites. Menos relojes y más tiempo.

Si Dios hubiera tenido hijos, habría más niños felices y menos adultos tristes.

Sí… Dicen que Dios hizo el mundo en sólo 6 días, y el séptimo pudo descansar… Pero ojalá hubiera tenido hijos.

 

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Lactancia y mamás solas

 

lactancia y mamás solas

Ser mamá es muy satisfactorio pero puede llegar a ser difícil hacerlo todo solas: organizarse con el bebé, ser independiente a nivel económico, tomar sola todas las decisiones …

 

Pero de otro lado las madres solteras nos sentimos más libres de seguir nuestros instintos ya que no tenemos una pareja al lado que nos distrae del bebé o nos da consejos que van en contra de nuestras sensaciones, de consecuencias somos muchas las madres solteras que consiguen tener una lactancia satisfactoria.

 

La clave está claramente en seguir nuestro instinto materno y conectar con el bebé.

 

Soy madre soltera y he amamantado a mis dos hijos, por esto puedo darte algunos consejos que te ayudarán a tener una lactancia materna satisfactoria

 

  • Conecta con tu pequeño: no tienes que atender a tu pareja, tienes todo el tiempo para amamantar, acariciar a tu bebé, hablarle, cantarle…
  • Olvida el reloj : duerme cuando el niño duerme y esté despierta cuando el niño está despierto, vive con los horarios de tu hijo para estar más descansada.
  • Colecha : no tienes nadie en la cama contigo que se molesta, las madres solteras no se cuestionan el colecho, simplemente lo practican porque es más cómodo dar de mamar en la cama, para ella y para el niño.
  • Encuentra apoyo : no pases todo el día sola, busca amigas que te ayuden en el día a día, conecta con grupos de madres con las que hablar y grupos de lactancia para recibir consejos y informaciones.
  • Organizate : prepara mucha comida y congela en porciones para no tener que cocinar y restar tiempo al bebé y a la lactancia; prueba a organizarte mejor con la limpieza de casa, y no pidas demasiado a ti misma

 

Recuerda que una lactancia satisfactoria y unos primeros meses felices son el primer paso hacia un crecimiento psicológico sano de nuestros hijos.

 

 

 

Respira

Respira.

Serás madre toda tu vida.

Enséñale las cosas importantes. Las de verdad.

A saltar en los charcos, a observar a los bichitos,

a dar besos de mariposa y abrazos muy fuertes.

No olvides esos abrazos y no se los niegues NUNCA:

puede que dentro de unos años los abrazos que añores

sean los que no le diste.

Dile CUÁNTO LE QUIERES siempre que lo pienses.

Déjale imaginar. Imagina con él.

Déjale llorar. Llora con él.

Las paredes se pueden volver a pintar.

Los objetos se rompen y se reemplazan continuamente.

Los gritos de mamá DUELEN PARA SIEMPRE.

Puedes fregar los platos más tarde. Mientras tú limpias, él crece.

Él no necesita tantos juguetes.

Trabaja menos y quiere más.

Y, sobre todo, RESPIRA. Serás madre toda tu vida.

Él sólo será niño una vez.

RESPIRAFL2

La lactancia “prolongada” y La Gorda del Tres

 

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Esto es sólo una pequeña reflexión. Según la Real Academia Española de la lengua:
(Del lat. prolongāre).
 
1. tr. Alargar, dilatar o extender algo a lo largo. U. t. c. prnl.
2. tr. Hacer que dure algo más tiempo de lo regular. U. t. c. prnl
¿Y qué es lo regular? Pues, según la propia RAE, es en una primera acepción lo “ajustado y conforme a regla“. Es decir, que la Lactancia Materna Prolongada es aquella que se extiende a propósito, haciendo que dure más de lo que se entiende como “normal”. ¿Y por qué no ha de ser lo “normal” dar el pecho dos o tres años?
Mira tú por dónde, si seguimos urgando en el diccionario, va y resulta que la tercera acepción de la palabra “normal” dice que es la cosa que por su forma y magnitud se ajusta a las normas fijadas de antemano. Pero la acepciónPRIMERA de la palabra es, textualmente:
(Del lat. normalis)
 
1. adj. Dicho de una cosa: Que se halla en su estado natural.
Está en la RAE. Podéis comprobarlo.
Así que tenemos que lo que se encuentra en su estado natural es, en primera instancia, lo normal. Un niño al que no se desteta a propósito, sino que se le permite mamar cuanto tiempo quiera, difícilmente dejará la teta antes de los dos años. Entonces, si esto es lo natural, ¿no debería ser esta la Lactancia Normal? Mirad:
(De cortar).
 
1. tr. Disminuir la longitud, duración o cantidad de algo. U. t. c. intr. y c. prnl.
Así que si “Normal = Natural”, si le doy el pecho a mi hijo durante dos años, o tres, o los que él me pida, lo que le estoy dando es Lactancia Natural. Y toda la demás es Lactancia Acortada. Esa, y sólo esa, es la que se sale de lo que verdaderamente es lo normal, por mucho que nos vendan lo contrario. Tenemos un idioma tan rico, pero tan rico, que permite como un millón de trampas al entendimiento y a veces una servidora ya no sabe si pensar que un grupito de pequeños (o grandes) cabroncetes lo aprovechan para vendernos lo que les da la gana…

¿Y qué más da llamarlo de una forma u otra, si total se entiende de qué estamos hablando? Ya, claro. Mi vecina del quinto pesa alrededor de ciento veinte kilos. En el barrio todos la llaman “la gorda del tres“. Pero ella, mira tú, prefiere que la llamen Carmen. Tal vez sea PORQUE ES SU NOMBRE.

Seguro que alguna vez habréis escuchado expresiones tontas del tipo “¡de tanto comer pollo te van a salir plumas!”. Es una forma de hablar. Nadie se cree que si come mucho pollo le saldrán plumas. Pero que te lo digan de tu bebé. Entonces sí. Entonces es ley grabada en piedra que si tu bebé come demasiado pollo, le saldrán plumas. Y si le das teta a demanda, chupará por vicio. Y llorar ensancha los pulmones. Y los brazos crean niños dependientes y enmadrados. Y tienes que beber mucha leche para dar leche (el que haya visto a una vaca adulta beber leche alguna vez, por favor, que levante la mano).
Por ridículas e infundadas que sean, cada palabra que se refiere a nuestros peques cobra la categoría de ciencia exacta muchas veces, así que no creo que le hiciera daño a nadie, en algo tan importante, empezar a llamar a las cosas por su nombre. ¿No os parece?

Confesión

Confesion de un asesino

 

 

Hay una serie de televisión que sigo todas las semanas. No me pierdo un capítulo. Lo que no me esperaba era encontrarme, como quien no quiere la cosa, con una enorme satisfacción personal encerrada en la confesión de un asesino. No me pude resistir: esperé a la repetición de la madrugada y grabé en mp3 el diálogo para poder transcribirlo palabra por palabra y compartirlo, porque me parece escabrosamente revelador.

 

Os pongo en antecedentes: la prensa acudió a cubrir la noticia de un macabro asesinato. Una periodista le explicaba a un compañero que le daría un enfoque diferente al artículo. No quería saber quién era el asesino, sino quién había sido. Por qué se había convertido en lo que se había convertido:

-          Nadie nace siendo un monstruo: ese “monstruo” también fue el precioso bebé de alguien, llorando por su madre.

Lo que ella no sabía es que el asesino la escuchaba desde un rincón oscuro. Supo que ella era especial, y ahora la tenía atada a una cama:

 

-          ¿Puedo contarte un secreto? La nuez moscada marca la diferencia. Sandwich caliente y sopa de tomate, la merienda de mamá. Aunque yo no tuve una que me lo preparara. Por supuesto tuve madre, pero no la conocí. Tenía tu misma edad cuando me abandonó.

-          ¿Creciste en un orfanato?

-          Sí. En el sistema. Cubrieron mis necesidades básicas: comida, agua, una educación rudimentaria… Y con una fusta de cuero aprendí la diferencia entre el bien y el mal. Cumplían cada regla. Sobre todo las que prohibían gestos de afecto o cualquier contacto físico innecesario porque el contacto… acabaría malcriando al niño.

-          Está bueno.

-          Ya lo creo. Está muy bueno.

-          Está delicioso. No pretendo ser condescendiente contigo, sólo quiero que sepas lo mucho que te agradezco este detalle. Sé lo que es sentirse abandonado. Así me sentía en Briarcliff.

-          No me equivoqué contigo. Eres la elegida. Desde siempre he sido muy consciente: sabía que era distinto a los otros niños, más listo pero también más atormentado. Eso fue lo que me llevó a estudiar psiquiatría: entender mejor mi trastorno. No tuve mi primera crisis hasta la facultad de medicina.

 

“  (Examinando un cuerpo inerte que reposaba en una camilla)

– Mira Thredson, esto es lo más cerca que estarás de una chica este trimestre”.

 

-          Les reía las gracias a los idiotas de turno, pero sabía que la mujer de la mesa no era mi novia… Era mi madre. Tenía treinta y tres años, la misma edad de mi madre cuando me abandonó. Tu edad. La lógica y la razón me decían que la mujer de la mesa no era mi madre, pero en esa broma del destino que es mi vida sentía que podía serlo. Y fue de justicia poética que la viera por primera vez en la mesa de autopsias de mi clase de anatomía. Fue entonces cuando comprendí lo que tanto echaba en falta: el tacto de una madre, el contacto piel con piel… Eso era lo que ansiaba, lo que me había faltado toda la vida… Pero olía a formaldehido y su piel, aún después de quitársela, estaba fría, rígida… ¿Has oído hablar sobre los estudios de Harlow? Separaba a crías de macaco rhesus de sus madres y les ofrecía dos madres sustitutas: una tela metálica con leche y la otra cubierta de felpa. Todos los monos prefirieron a la madre cubierta con felpa, aunque no tuviera leche.

-          ¿Por la calidez?

-          Por la piel. Hasta un mono nota la diferencia.

Lo intenté con todas mis fuerzas, pero ese cadáver no consiguió calmar mi anhelo. Necesitaba a alguien. Piel viva y cálida…

-          (Solloza)

-          ¡No, no, no, no, no, no! No sufras porque, aunque estás aquí, tú no eres como ella…

 

Como dato, puedo comentar que los estudios de Harlow existen realmente y, además, tanto el experimento como los resultados fueron tal como se describen en la escena. Ya, ya sé que lo primero que a uno puede venirle a la mente es que es sólo ficción pero, recordando un poco las palabras de un hombre muy sabio, el amor no malcría a nadie. Las cárceles y los reformatorios no están llenos de niños a los que abrazaron demasiado. Más bien al contrario: es fácil encontrar niños que fueron desatendidos, desamparados, insatisfechos en su más profunda necesidad de ser amados.

 

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¿Cuáles son los errores más comunes que cometemos con los niños?

pregunta-del-martesCreo que a veces, sin pensar, hacemos o decimos cosas que nos parecen inofensivas pero que en realidad no lo son tanto cuando se trata de un niño, y que puede tener un impacto en ellos que a veces ni siquiera sospechamos.

Por ejemplo, no respetar sus juegos y pretender que pase de una actividad a otra sin previo aviso (como cuando un niño está jugando y lo llamamos para venir a cenar). Los niños, sobre todo los niños pequeños, necesitan una transición de una actividad a otra. Conviene prepararlos diciéndoles cosas como “dentro de poco vamos a cenar”, y tal vez darles una referencia que ellos puedan entender: cuando suene la campana del horno, por ejemplo. Podemos invitarlo a que aparque los trenes de juguete en lugar de arrancarlo bruscamente del juego.

En estos días escribí un post en mi blog sobre lo que creo que son 5 errores comunes que cometemos con los niños. Además de no respetar sus juegos ni sus tiempos, otro error es el de prometer lo que no estamos dispuestos a cumplir, por salir del paso (por ejemplo para evitar un conflicto con el pequeño, creyendo que luego olvidará su promesa). O no respetar las emociones negativas del niño: enfadarnos si se enfada, por ejemplo. Los niños también tienen derecho a expresar lo que sienten, y no tienen otras herramientas para hacerlo que el llanto o las rabietas. Eso no quiere decir que no les enseñemos a expresarse de una manera más constructiva, pero debemos empezar por respetar lo que sienten.

¿Cuáles crees tú que son los errores más comunes que cometemos con los niños?

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¿Cuál ha sido el mayor reto al que te has enfrentado en la crianza de tus hijos?

pregunta-del-martesMi niño está a punto de cumplir cuatro años. Hasta ahora, creo que el mayor reto al que me he enfrentado desde que soy mamá es al puerperio. Esos primeros meses con mi bebé fueron terriblemente duros. Me costó mucho asumir mi nueva identidad de mamá, y no porque no soñara con ser madre, ¡qué va! Mi niño fue muy esperado y deseado. Pero la realidad superó todas mis expectativas y la inmensa responsabilidad que supone el cuidado de un bebé me agobiaba muchísimo. El entorno y sus propias dudas tampoco ayudaron… que si por qué no lo ponía en la cuna, que el bebé acababa de comer, ¿le vas a dar el pecho otra vez?, ¿y por qué no le das un chupete para que se calme? Deja que llore, que no le va a pasar nada… etc. etc. etc. Afortunadamente, soy muy terca y no di mi brazo a torcer, pero fue agotador.

Ahora estoy por enfrentarme a un nuevo reto, la llegada de un segundo bebé. Me preocupa sobre todo la logística: atender al mayor mientras atiendo al pequeño. Procuro no agobiarme mucho porque en crianza las cosas nunca salen como las anticipamos ;) así que lo iré viendo sobre la marcha… pero sí es algo en lo que pienso a menudo. Por suerte, contaré con la ayuda de mi familia las primeras semanas. Como ya saben lo terca que soy no creo que esta vez se animen a dar muchos consejos ;)

¿Y tú? ¿Cuál es el mayor reto al que te has enfrentado en tu crianza?

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Cambios…

Hoy les traigo un pequeño gráfico pero que tiene mucho significado. Personalmente, después de tres años, este año fue de muchos cambios, y para culminar el año nos cambiamos de casa. Gracias a Dios pudimos conseguir una casa bonita y cerca del trabajo de mi marido, asi que la oportunidad la puso Dios y la aprovechamos. Y hoy he querido hablar de esto porque la serie que esta proponiendo Mónica de 31 días de sabiduría para mamás y papás  me ha encantado. Y esta frase en especial resume muy bien lo que he estado viviendo.

Paso a pasito es posible cambiar.

Cambiar es posible

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