La lactancia: el camino fácil

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Por: Mónica (1161 Artículos)

Viajando, cocinando, aprendiendo y educando!

Carnaval de blogs por la Semana mundial de la lactancia materna 2011Yo también participando de la 2da Edición de la Fiesta Bloguera de Lactancia :) .

Durante mi embarazo viví en el extranjero, en un país con una cultura e idioma muy diferentes, y como era estudiante, no tuve mucho tiempo de informarme sobre parto, lactancia, puerperio, crianza.

Tomé todas las materias que alcancé a meter en el horario para no tener que ir tantos  días a clases una vez que naciera mi hijo, y durante el embarazo me mantuve ocupada con las tareas universitarias.

En las vacaciones de verano, cuando tenía alrededor de 5 meses de embarazo, me tomé el tiempo de leer un libro sobre bebés, de esos para mamás embarazadas que incluyen lista de compras e información general sobre muchos temas. No recuerdo el título del libro, pero sí recuerdo que ofrecía dos opciones: lactancia materna: ventajas/desventajes; lactancia artificial: ventajas/desventajas. Entre las ventajas de la lactancia artificial mencionaba que

“ahora las leches son de tan buena calidad que casi no existe diferencia nutricional entre las dos opciones”

En ese entonces no desprecié el comentario como lo haría ahora, simplemente lo tomé con un poco de sospecha. Es que en tema de alimentación es obvio que la humanidad ha ido en retroceso, y me pareció que no podía confiar en esa afirmación (puro sentido común, más que lactivismo ni nada de lo que me pudiera influenciar ahora).

En fin, después de leer los pros y contras, me encontré con otra información: mis conocidas, amigas que ya eran madres y mi mamá, que me decían que una vez que naciera el bebé estaría “fregada” (o frita, o hecho pedazos), y entre las historias escuchaba lo de levantarse en la madrugada a calentar un biberón, vivir a entre la casa y la consulta del pediatra, y lo de salir a todas partes con una maleta inmensa y pesada, porque si al bebé le daba hambre no me esperaría, que la leche sería cara, etc.

Mi mamá también me contó la historia de cuando dejó quemar una olla grande llena de biberones (míos y de mi hermano), y de lo trabajoso que era mantener todo desinfectado, y de lo caro que fue reponer todo el kit de alimentación.

Claro, yo era una mamá estudiante que criaría a mi hijo sola, y mis conocidas tal vez solo me estaban “ubicando”, por si llegaba a colapsar, no dijera que no me lo habían advertido.

Así fue que entre las historias de biberones y lo poco estéticas que me parecían las pañaleras decidí que lo mejor sería amamantar.

Recuerdo haber pensado:

“voy a tener que amamantar o no voy a poder seguir estudiando”

Eso debe haber sido por el 6to mes de embarazo.

Pronto tuve comentarios como estos:

  • Bueno, tú quieres, pero ¿y si no tienes leche? Yo no tuve y por más que quise no pude dar…
  • Es que no todas pueden, ¿por qué crees que tú si vas a poder?
  • Eso es solo para las mamás que tienen quién les sirva y no tienen que trabajar
  • A veces el doctor te dice que tienes que quitarle el seno y ahí no tienes otra alternativa

Los comentarios me daban más razones para intentarlo. Igual, ya me había dado cuenta de que si no era con la lactancia, mi vida de estudiante y mamá sería un caos (y no quería andar a llevar esas feas pañaleras ;) )

Así que un día entré a Internet y busqué la página de La Liga de la Leche de Tokyo (cerca de donde vivía). Llamé a un teléfono de contacto y le dije que quería amamantar (y no sabía qué mas decir, me parecía ridículo llamar, pero igual estoy feliz de haberlo hecho). La líder de LLL me invitó a la próxima reunión, pero no asistí. Pensé que no tendría sentido ir embarazada solo para decir “estoy aquí porque quiero amamantar”.  Todavía pensaba que era algo del azar: algunas pueden y otras no.

Esta historia siguió su camino, pasando por un momento en el que pensé que mi lactancia estaba perdida: mi hijo nació y el personal médico me dijo que yo era una más de las mamás que no pueden amamantar. Pasé 10 días en el hospital luchando por que me dejaran dormir con mi bebé y estar con él todo el tiempo.

Me tacharon de mala mamá, culpable de que mi hijo no creciera, irresponsable, ignorante…

…(y seguramente otras descripciones que no alcancé a escuchar).

Pero yo ya había elegido: la lactancia sería lo más fácil (y no quería andar con esas feas pañaleras al hombro).

Y luego de la tormenta, y con mucha ayuda y paciencia, la lactancia se empezó a regularizar como a la décima semana.

Mi hijo creció sano, yo pude graduarme…¡descubrí que podía alimentarlo mientras dormía!…Seguimos amamantando por muchos meses…muchos años…más de un lustro!!!

Y nunca, nunca, llevé en mi hombro una de esas pañaleras.

Elegí lo que para mí fue el camino más fácil. El camino que como mamá me pareció el mejor.

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Si quieres conocer más sobre esta historia de más de 6 años, y la historia de Lety Jiménez, que es bastante diferente, reserva tu asiento para la próxima Conferencia Virtual de Lactancia Materna del martes 9 de agosto de 2011: Hasta que mi bebé y yo lo decidamos.

¡Nos vemos en la conferencia!

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